Finalmente entré al cine, escogí mi butaca y me dediqué a disfrutarla. Esta es la segunda película surcoreana que veo en mi vida. La anterior fue hace varios años ya, "The Host" (2006); filme que, hace poco me enteré, fue dirigido también por Bong Joon-ho y que me había producido gran agrado en aquella época.
Pero, ¿de qué va "Parasite"? ¿Es una sátira social? Algo de eso hay. ¿Es una comedia negra? De a ratos puede calificar como tal. ¿Se zambulle en el terror? No seamos tan lineales, hay un suspenso que se va manifestando, un clima que se va enrareciendo, algo que se va pudriendo y la sensación de que algo feo va a pasar y todo va a explotar. Pero quizá el horror esté en otro lado. ¿Pistas donde buscarlo? En la codicia, en la credulidad, en la mentira, en las apariencias, en la desigualdad, en el menosprecio, en la confusión. Pero así como dije que no seamos lineales, tampoco seamos absolutos. Porque los mismos protagonistas al mismo tiempo que alimentan ese monstruo, van dejando entrever valores, confianza, admiración, acercamiento, ganas de progresar, arrepentimiento, etc. No hay buenos y malos. Hay personas.


Claro, como en toda buena película, habrá diferentes interpretaciones, y aquel que esté leyendo esto puede discrepar absolutamente con mis impresiones. Pero hay un caldo de cultivo que tiene que ver con planes, ambiciones, frustraciones, caprichos, postergaciones, la consecuencia que conllevan los propios actos y el caos que siempre hace lo suyo. John Lennon decía que "la vida es lo que nos pasa mientras tenemos otros planes" y algo de ese pensamiento puede aplicarse aquí, de manera un poco más retorcida pero con similar eficacia.
No me detendré en spoilear ni en hacer una sinopsis, solamente destacar el sólido elenco (que recientemente ganó en los Screen Actors Guild Awards), sin fisuras, todos personajes creíbles enmarcados en una sociedad como la surcoreana que, aunque muchos desconocemos su realidad cotidiana, en varios aspectos no nos resulta tan lejana mientras vamos recorriendo la cinta. Personalmente me quedo con la actuación de Song Kang-ho como el padre de la familia desocupada devenido en chofer premium, pero la verdad es que ninguno desentona.
Por otro lado, el filme no pierde el ritmo nunca, te atrapa, te divierte, te incomoda y por momentos te desconcierta, para luego volver a traerte de nuevo a territorio firme y contemplar con tranquilidad el devenir de los acontecimientos.
Al parecer el impacto que ha tenido en Hollywood es mayor que el que se puede apreciar desde aquí y no solamente por las 6 nominaciones a los Premios de la Academia (incluyendo "mejor película" y "mejor director"), porque ya se anuncia que HBO lanzará una miniserie spin-off de "Parasite", que sería producida por el propio Bong Joon-ho y echaría luz sobre algunos puntos ciegos del largometraje (incluso se ha dicho que podría desencadenar en una versión de 6 horas del filme). Pero para eso habrá que esperar. Por lo pronto, no la dejen escapar y traten de hacerse un lugar en su agenda para verla en la sala más cercana. Bien que lo vale.
Palabra del director: "
En la sociedad capitalista de hoy en día hay rangos y castas que son invisibles a los ojos. Los mantenemos disfrazados y fuera de la vista, y despreciamos superficialmente las jerarquías de clase como una reliquia del pasado, pero la realidad es que hay líneas de clase que no se pueden cruzar. Creo que esta película muestra las inevitables grietas que aparecen cuando dos clases sociales se rozan entre sí en una sociedad cada vez más polarizada."


Nota al margen: quiero proponer un método que podría ser aplicable en todos los cines del país. Dicho método será bautizado provisoriamente como "Penalización de Griguolismo Inverso". Dicho castigo justificado debe ser aplicado a esos cincuentones que suelen pulular en los espacios dedicados al séptimo arte y creen que quedan bien con su jermu o fato anticipándose con un comentario a la escena que están a punto de ver, y lo pronuncian en voz alta de modo tal que puede oírse en un radio de dos filas. Suelen ser semi-calvos, de lentes, con chomba a rayas y bermudas de vestir con cinto. Ostentan sonrisas inoportunas, se la dan de entendidos después de haber leído una reseña falopa en algún pasquín de gran tirada y para hacerse notar como tipos que junan le hacen comentarios en plena proyección a su compañera (que rara vez le responde, en clara señal de tensión) vociferando frases como "la música es increíble". Su falta de tacto llega hasta tal punto que ni bien termina el filme, cuando empiezan los títulos y se prenden las luces, el sujeto le dice a la dama, que aun está procesando lo que acaba de ver y saliendo del trance hipnótico que proporciona la experiencia cinemetagráfica, "¿Y? ¿Te gustó la película?" NOOOOOOOOO, cortala macho, así no se puede vivir! Para eso existen bares y restoranes a la salida, para eso podés utilizar todo el trayecto de regreso a casa, o al menos el tramo en que descendés las escaleras hacia la calle. Pero no, este tipo de seres eligen ser un mal esposo, novio, pretendiente, amante o pagafantas y, haciendo estruendosa gala de su don de botarate, molestar al noble espectador respetuoso que únicamente esboza los sonidos que el cine permite como rito social: sonrisas, sollozos, exclamaciones de admiración y de horror, etc. Emociones sí, pelotudeces no. Por eso, volviendo a lo que nos compete, la "Penalización de Griguolismo Inverso" consistiría en una certera bofetada aplicada inmediatamente a la salida de la sala al ejemplar masculino que cometa tal falta, siendo ejecutada por personal del propio cine como reparación moral y correctivo ejemplificador, para que toda la gente de bien que quiere presenciar una proyección civilizadamente se sienta amparada por la industria cinematográfica de una vez por todas. Solamente debería ser bien redactado como proyecto de ley y. una vez aprobado, ser impreso al dorso de las entradas para su aplicación inmediata. Puede que con este escarnio público disminuya el porcentaje de jetones indecorosos que se manifiestan petulantes en las más distinguidas salas, a los cuales un sopapo bien puesto los lleve a una profunda reflexión y los convierta en mejores seres humanos para vivir en sociedad. Para concluir este descargo, sería importante reglamentar que quien aplique el soplamocos use una careta de Martin Scorsese o de Leonardo Favio. De este modo quedará libre de posibles vendettas por parte del oprobiado y simbólicamente mantendrá en alto el honor de la comunidad aficionada al deleite bien intencionado que emana la gran pantalla.
Artículo redactado por Pablo Skorupski
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